En los meses más fríos y oscuros, pueden acentuarse los
síntomas de depresión. Aprenda a identificarlos y huir de esta afección.
Fuente: Salud a Diario
La estación invernal, con el aumento del frío y la
exposición a menos horas de luz, sin duda se traduce en pasar más tiempo en
casa, socializar menos y tener más actividades dentro de lugares cerrados. Sabemos
que, a nivel corporal en otoño e invierno, tenemos un aumento de la melatonina
(hormona que induce el sueño) y una disminución de la serotonina (neurotransmisor
que regula el ánimo), lo cual aumenta la probabilidad de presentar más síntomas
depresivos que en otras estaciones del año. Este fenómeno se conoce como trastorno
del ánimo estacional, e implica que aquellas personas con tendencia a deprimirse, se vuelvan más frágiles en esta época, principalmente quienes
sufren trastorno bipolar. Siempre es mejor prevenir un cuadro depresivo que
presentarlo. Cuando ya está instalado, es necesario consultar y seguir
indicaciones médicas. Como en todo tratamiento, las medidas no farmacológicas
son tan importantes como las farmacológicas. Los amigos, la familia cumplen un
papel central, pero no para decir frases como: “Arriba el ánimo”, “tú puedes”,
las que terminan agobiando aún más a quien padece depresión, ya que frases como
esas hacen sentir que hay una voluntariedad en tener los síntomas. Es mejor
acompañar a quien padece tristeza con frases como: “Aquí estaré para cuando
quieras hablar o no”, “te acompañaré en es- te tiempo”. Lo que llamamos ser un
testigo emocional. Para alguien que sufre depresión, es importante sentirse
acompañado, pero no juzgado o culpabilizado, porque ya siente bastante culpa
para cargar con más. Es importante tratar un cuadro depresivo, ya que se ha
visto que hay una relación directa entre ellos y la aparición de otras
enfermedades: cardiovasculares, cognitivas, autoinmunes, etc. Por lo que un
adecuado tratamiento puede prevenir la aparición de otras patologías en el
corto o en el largo plazo. Se trata de una enfermedad que no debemos minimizar.
Sabemos, por reportes del Ministerio de Salud, que, a pesar de que la depresión
se encuentra con cobertura AUGE, los hombres mayores de 65 años son los que
menos consultan, aun cuando disponen de esta instancia de priorización en
salud. En la línea de prevención, el incorporar la idea antigua de prepararnos
para el invierno tiene sentido, tal como lo hacían nuestros padres (madres) o
abuelos (as). Ellos, en el verano, comenzaban a preparar las mermeladas, las
conservas, limpiaban las canaletas y arreglaban los techos para enfrentar esa
temporada. Por ello, si otros inviernos no han sido fáciles para nosotros desde
el punto de vista emocional, es importante consultar antes, y si ya tomamos
antidepresivos, tenerlos y no intentar dejarlos en esta época.
Medidas preventivas contra la depresión estacional
En este tiempo, es necesario instalar medidas
preventivas como las siguientes para disminuir la probabilidad de que
presentemos un cuadro depresivo:
1. Mantener rutinas en el día a día que incorporen no
solamente actividades laborales, sino recreativas y de ocio, sociales,
familiares, donde incluyamos hobbies.
2. Integrar en la agenda diaria la socialización, de
alguna manera, con personas que nos hagan reír, nos escuchen y nos potencien enhacer estilos de vida saludables. Si no es presencialmente, podemos hacerlo por
medio de videollamadas o contactos telefónicos, ya que este tiempo de pandemia
nos ha ayudado a compren- der que la cercanía no es cosa de distancias físicas.
3.Desarrollar factores de resiliencia en el día a día,
como aprender a reír; recuperar o potenciar la capacidad de humor es parte
de una buena estrategia. Contar con amigos o personas significativas y de
apoyo es importante. También el valorar el presente y la posibilidad de
que, aunque sea invierno, podemos tener metas, proyectos y actividades. Es cosa
de flexibilizar nuestra disposición y actitud.
4.La luz y la exposición a ella durante el día es
central. Aunque no seamos muy conscientes de ello, la luz del sol
influye de manera directa en nuestro estado de ánimo, por lo que es necesario
tomar algunos ratos de sol o luz, aprovechando la luz de la mañana, lo que
se llama terapia lumínica. Para lo anterior, sirve levantarnos más temprano y
exponernos a la luz por más tiempo. También es aconsejable, poner ampolletas de
luz de día en la casa.
5.Tener un sueño reparador: el sueño es sin duda una
instancia crucial para mantenernos bien psicológicamente. Debemos procurar
acostarnos más temprano y descansar bien. Lograr un ambiente templado y
tranquilo que nos gatille el descanso.
6. Es momento de mirar hacia el interior. Junto con
esto, es importante darle sentido a este cambio de rutinas que implica el
invierno. Por ejemplo, es en esta época en la que podemos aprovechar de leer un
buen libro que nos motive o aprender algo nuevo, como cocina o un idioma.
7. Los amigos y la familia son una fuente de energía.
Es importante tener actividades socia- les a horas más tempranas, pero no
dejarlas debido al frío. La compañía es, en cualquier momento del año,
necesaria. Las relaciones sociales nos protegen.
8.Finalmente, estimular la mente nos hace sentir mejor.
Tener proyectos, pequeños o grandes hace que sea más fácil tener iniciativa
para realizar actividades, además de darle un sentido a nuestras vidas.
Sabemos que el tener senti- do de vida armoniza, precisamente, nuestras vidas.